La homeopatía es un conocido método de medicina alternativa que se practica en todo el mundo. Se diferencia fundamentalmente de la medicina basada en la evidencia en sus ideas sobre las causas de las enfermedades y su tratamiento. Se basa en diversos principios recogidos y formulados por su fundador, Samuel Hahnemann.
Para tratar las enfermedades se utilizan preparados homeopáticos. Estos no se centran únicamente en los criterios específicos de la enfermedad que se pretende tratar, sino también en numerosos aspectos de la personalidad individual del paciente. Así, el carácter personal y su entorno vital suelen determinar en gran medida el tipo de tratamiento, mientras que a veces se concede incluso menos importancia al tipo de enfermedad. Este enfoque integral se centra en el paciente como persona y pretende que recupere la salud en varios niveles al mismo tiempo. En homeopatía, cuerpo y mente se consideran siempre una unidad, y su filosofía sostiene que una persona solo se cura cuando su alma y su cuerpo se tratan como un conjunto. Esta filosofía no sustituye un diagnóstico médico ni constituye un modelo de acción demostrado.
Entre otros aspectos, los pacientes valoran de la homeopatía las entrevistas diagnósticas detalladas (anamnesis), un tratamiento que perciben como suave y unos precios unitarios de los preparados a menudo bajos. El contacto prolongado entre médico y paciente puede generar confianza. Ni esa confianza ni el precio demuestran una eficacia específica; la buena tolerabilidad no está garantizada para todos los preparados.
Se ofrecen tratamientos homeopáticos para muchas enfermedades y grupos de edad. Esto no implica una eficacia o seguridad generales. Las molestias deben diagnosticarse adecuadamente; no debe omitirse ni retrasarse un tratamiento necesario basado en la evidencia. Esto es especialmente importante en niños y enfermedades graves.
La historia de la homeopatía
Se considera al médico e investigador Samuel Hahnemann (1755 - 1843) el padre de la doctrina terapéutica homeopática. Como causa de las enfermedades, suponía la existencia de alteraciones en la fuerza vital como principio ordenador. Por ello empezó a buscar enfoques terapéuticos que pudieran reforzar esa fuerza vital para vencer finalmente la enfermedad.
A partir de sus experimentos consigo mismo y de la observación de sus pacientes, Hahnemann dedujo que los medicamentos y venenos muy diluidos podían tratar las molestias que provocaban en personas sanas. Así estableció el núcleo de su doctrina y formuló el principio de que «lo semejante» debía curarse «con lo semejante». Hoy sigue conociéndose como principio de similitud; esta suposición histórica no es una prueba clínica de eficacia.
Por ejemplo, el preparado Belladonna se obtiene de la planta belladona (lat. Atropa belladonna) y se utiliza en homeopatía para la fiebre; esto no demuestra su eficacia. La intoxicación por belladona puede provocar, entre otros efectos, sobrecalentamiento, confusión y alteraciones cardiovasculares peligrosas. Esta nueva doctrina encontró tanto opositores vehementes como defensores y seguidores. En aquella época había pocos medicamentos y sus dosis eran a menudo tóxicas para los pacientes. En India se adaptó la doctrina homeopática y continúa utilizándose en el sistema sanitario.
En Alemania y otros países europeos, la homeopatía tuvo una acogida controvertida. Los científicos escépticos exigían pruebas de su principio de acción. Entre quienes la practicaban había tanto médicos como terapeutas sin formación médica; la profesión por sí sola no demuestra ni refuta la eficacia.
La financiación de investigaciones, por ejemplo por la Fundación Karl y Veronica Carstens, y el interés de algunas universidades por la homeopatía no constituyen pruebas de eficacia. Tampoco la formación de terapeutas ni los testimonios de autotratamientos exitosos sustituyen estudios controlados adecuados. El principio de similitud es una doctrina, no un mecanismo de acción demostrado. El NCCIH y el EASAC no establecen una eficacia específica por enfermedad demostrada sin dudas; la afirmación general de que se ha refutado el efecto placebo no está justificada.
Para la rinitis alérgica (fiebre del heno), la diarrea infantil, el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) o el íleo después de una operación, las fuentes aquí citadas no permiten deducir que los preparados homeopáticos sean equivalentes a un tratamiento estándar eficaz. La diarrea infantil puede causar deshidratación; la sospecha de obstrucción intestinal o de una alteración grave de la función intestinal tras una operación exige una evaluación médica inmediata. La homeopatía no debe sustituir esta atención.
Los testimonios de los últimos 200 años pueden describir observaciones personales, pero no descartan de forma fiable la evolución natural de las enfermedades, los tratamientos concomitantes ni los efectos de las expectativas. Por tanto, no demuestran una contribución curativa general en enfermedades agudas o crónicas, una reducción de la carga del sistema sanitario ni una tolerabilidad generalmente mejor. También los productos denominados homeopáticos pueden contener componentes activos y riesgos. Siguen siendo decisivos un diagnóstico adecuado, un tratamiento comprobado y el asesoramiento médico oportuno.
Revista
¿Qué es la homeopatía?